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Grandes meteduras de pata en la historia del hombre

Serge Voranoff, heredero de una fábrica de vodka y médico en París, acaudaló una fortuna trasplantando testículos de jovencitos a ancianos pudientes. Según Voranoff, un testículo adicional alargaba considerablemente la vida. La mayoría de los ancianos no morían de viejos, sino de terribles infecciones.
La Academia de Ciencias francesa declaró categóricamente en el siglo XIX que los meteoros son pura fantasía. Incluso el naturalista francés Cuvier, fundador de la anatomía comparada, no tuvo reparos en afirmar: “Las piedras no pueden caer del cielo, porque en el cielo no hay piedras”.
El caballero de Lamarck (1744-1829), apasionado por los temas de la evolución de los seres vivos, llegó a afirmar que, si se sacase un ojo a los recién nacidos y se les dejara reproducirse entre ellos, al cabo del tiempo se lograría obtener una raza con un sólo ojo. Esta idea le llevó a efectuar cientos de experimentos con ratas, pero lógicamente jamás logró crear un cíclope roedor.
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